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Seguridad, estrategias y colonización de los imaginarios sociales: El Pentágono, la NSA y Hollywood contra el mundo. Por Miguel Ángel Contreras Natera

La relación entre cine, televisión y política reúne tres señales distintivas de la materialidad de la cultura en cuanto vincula la producción estética, las innovaciones tecnológicas y la institución social. Y es está relación donde se sintetizan las verdades secretas en cuanto síntoma de lo que Jean Paul Sartre habría llamado la neurosis objetiva. El flujo total sin interrupción de contenidos que tiene como operadores anafóricos al cine, la televisión, el ordenador y el teléfono condena a la obsolescencia, la distancia crítica. En términos de Greg Lukács, la objetualización del mundo bloquea su propia teorización al convertirse en teoría por derecho propio. La estrategia mediática contra el aburrimiento como patología urbana de la modernidad supone enfrentar las situaciones de parálisis de las audiencias mediante la espectacularización de la vida en un flujo sin fin de anuncios, contenidos y situaciones. El tiempo se compartimenta en ciclos cortos donde la experiencia humana se reduce a las pequeñas historias de los video-clips, las propagandas y los tweets que condensan con toda su sobrecarga informativa la característica medular del capitalismo cognitivo. Este desafío crítico supone movilizar los instrumentos conceptuales para asimilar la ampliación imperialista de está triada cultural.
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Seguridad, estrategias y colonización de los imaginarios sociales: El Pentágono, la NSA y Hollywood contra el mundo. Por Miguel Ángel Contreras Natera

La relación entre cine, televisión y política reúne tres señales distintivas de la materialidad de la cultura en cuanto vincula la producción estética, las innovaciones tecnológicas y la institución social. Y es está relación donde se sintetizan las verdades secretas en cuanto síntoma de lo que Jean Paul Sartre habría llamado la neurosis objetiva. El flujo total sin interrupción de contenidos que tiene como operadores anafóricos al cine, la televisión, el ordenador y el teléfono condena a la obsolescencia, la distancia crítica. En términos de Greg Lukács, la objetualización del mundo bloquea su propia teorización al convertirse en teoría por derecho propio. La estrategia mediática contra el aburrimiento como patología urbana de la modernidad supone enfrentar las situaciones de parálisis de las audiencias mediante la espectacularización de la vida en un flujo sin fin de anuncios, contenidos y situaciones. El tiempo se compartimenta en ciclos cortos donde la experiencia humana se reduce a las pequeñas historias de los video-clips, las propagandas y los tweets que condensan con toda su sobrecarga informativa la característica medular del capitalismo cognitivo. Este desafío crítico supone movilizar los instrumentos conceptuales para asimilar la ampliación imperialista de está triada cultural.
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Pensar desde el naufragio: Luisa Ortega Díaz. Por Leonardo Bracamonte

Los instantes impensados con frecuencia tienen una capacidad de proyección histórica que sorprenden a los que asisten o incluso participan de ese acontecimiento. Nuestra ruidosa historia tiene varios ejemplos de quienes optaron en un momento dado y en circunstancias específicas, por producir una diferencia que en lo adelante desencadenaría sucesos que van a cambiar las reglas de un juego convencional. Pero más importante, es preciso reflexionar sobre estos episodios de incumbencia colectiva porque en momentos en que aquellos marcos aludidos arriba están en disolución y su resultado es históricamente incierto, tales acontecimientos toman proporciones aún más insospechadas. En todo caso, sin una buena porción de azar en las idas y venidas de la historia el cambio social no sería posible. Por tanto, de las acciones humanas de consecuencias imprevistas también está hecho el mundo.
El viernes 30 de marzo fue uno de esos momentos. Aunque las implicaciones a mediano plazo están por analizarse, es seguro que la intervención de Luisa Ortega Díaz (Fiscal General de la República), ha replanteado las condiciones a partir de las cuales se piensa políticamente el país. Todo tenía un sentido específico para el momento en que debía rendir cuentas a la sociedad sobre el desempeño del Ministerio Público durante 2016. Aunque se trata de un actor que va a llevar adelante una intervención cuyas consecuencias no están claras ni para ella ni para nadie, sí existe una voluntad determinante de producir una diferencia. Desde el lugar donde se dirigió al país hasta sus primeras y últimas palabras, tuvieron una orientación que se relacionaba con el acontecimiento ocurrido unas horas antes.
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Pensar desde el naufragio: Luisa Ortega Díaz. Por Leonardo Bracamonte

Los instantes impensados con frecuencia tienen una capacidad de proyección histórica que sorprenden a los que asisten o incluso participan de ese acontecimiento. Nuestra ruidosa historia tiene varios ejemplos de quienes optaron en un momento dado y en circunstancias específicas, por producir una diferencia que en lo adelante desencadenaría sucesos que van a cambiar las reglas de un juego convencional. Pero más importante, es preciso reflexionar sobre estos episodios de incumbencia colectiva porque en momentos en que aquellos marcos aludidos arriba están en disolución y su resultado es históricamente incierto, tales acontecimientos toman proporciones aún más insospechadas. En todo caso, sin una buena porción de azar en las idas y venidas de la historia el cambio social no sería posible. Por tanto, de las acciones humanas de consecuencias imprevistas también está hecho el mundo.
El viernes 30 de marzo fue uno de esos momentos. Aunque las implicaciones a mediano plazo están por analizarse, es seguro que la intervención de Luisa Ortega Díaz (Fiscal General de la República), ha replanteado las condiciones a partir de las cuales se piensa políticamente el país. Todo tenía un sentido específico para el momento en que debía rendir cuentas a la sociedad sobre el desempeño del Ministerio Público durante 2016. Aunque se trata de un actor que va a llevar adelante una intervención cuyas consecuencias no están claras ni para ella ni para nadie, sí existe una voluntad determinante de producir una diferencia. Desde el lugar donde se dirigió al país hasta sus primeras y últimas palabras, tuvieron una orientación que se relacionaba con el acontecimiento ocurrido unas horas antes.
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