Comunicación política, posverdad y guerra. Por Miguel Ángel Contreras

La pluralización de las formas de representación mediática consecuencia directa de la intensificación de la innovación tecnológica en el campo de las comunicaciones ha implicado la emergencia de una nueva gestalt en materia de la comunicación política. Se imponen las paralogías en tanto el consenso no es más que un estado de la discusión y no su fin. La verdad se volatiliza completamente. El surgimiento de la idea de la posverdad se inscribe en este doble registro: a) pluralización y relativización de las fuentes; y b) espectacularización y simulacros de los hechos. Y ambas tienen en las redes sociales su dispositivo de circulación global con sus concomitantes sentido de clase. El punto donde se condensa en sus dramáticas consecuencias la posverdad, es en la Guerra. Indudablemente, la retórica siempre ha formado parte constitutiva de la política. No necesariamente es su sustituta. La posverdad como mentira –y sus peligrosas estrategias performativas de apelación a las emociones- no puede autonomizarse de la factualidad del mundo. En el debate cotidiano la mentira como instancia regulativa puede convertirse en un detonante de la guerra civil. Por ello, es en esa cotidianidad donde se confrontan las estrategias retóricas de la profunda pugnacidad política en Venezuela (Para seguir leyendo pulse el título)

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