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Comunicación política, posverdad y guerra. Por Miguel Ángel Contreras

La pluralización de las formas de representación mediática consecuencia directa de la intensificación de la innovación tecnológica en el campo de las comunicaciones ha implicado la emergencia de una nueva gestalt en materia de la comunicación política. Se imponen las paralogías en tanto el consenso no es más que un estado de la discusión y no su fin. La verdad se volatiliza completamente. El surgimiento de la idea de la posverdad se inscribe en este doble registro: a) pluralización y relativización de las fuentes; y b) espectacularización y simulacros de los hechos. Y ambas tienen en las redes sociales su dispositivo de circulación global con sus concomitantes sentido de clase. El punto donde se condensa en sus dramáticas consecuencias la posverdad, es en la Guerra.
Indudablemente, la retórica siempre ha formado parte constitutiva de la política. No necesariamente es su sustituta. La posverdad como mentira –y sus peligrosas estrategias performativas de apelación a las emociones- no puede autonomizarse de la factualidad del mundo. En el debate cotidiano la mentira como instancia regulativa puede convertirse en un detonante de la guerra civil. Por ello, es en esa cotidianidad donde se confrontan las estrategias retóricas de la profunda pugnacidad política en Venezuela
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Comunicación política, posverdad y guerra. Por Miguel Ángel Contreras

La pluralización de las formas de representación mediática consecuencia directa de la intensificación de la innovación tecnológica en el campo de las comunicaciones ha implicado la emergencia de una nueva gestalt en materia de la comunicación política. Se imponen las paralogías en tanto el consenso no es más que un estado de la discusión y no su fin. La verdad se volatiliza completamente. El surgimiento de la idea de la posverdad se inscribe en este doble registro: a) pluralización y relativización de las fuentes; y b) espectacularización y simulacros de los hechos. Y ambas tienen en las redes sociales su dispositivo de circulación global con sus concomitantes sentido de clase. El punto donde se condensa en sus dramáticas consecuencias la posverdad, es en la Guerra.
Indudablemente, la retórica siempre ha formado parte constitutiva de la política. No necesariamente es su sustituta. La posverdad como mentira –y sus peligrosas estrategias performativas de apelación a las emociones- no puede autonomizarse de la factualidad del mundo. En el debate cotidiano la mentira como instancia regulativa puede convertirse en un detonante de la guerra civil. Por ello, es en esa cotidianidad donde se confrontan las estrategias retóricas de la profunda pugnacidad política en Venezuela
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Pensar desde el naufragio: Luisa Ortega Díaz. Por Leonardo Bracamonte

Los instantes impensados con frecuencia tienen una capacidad de proyección histórica que sorprenden a los que asisten o incluso participan de ese acontecimiento. Nuestra ruidosa historia tiene varios ejemplos de quienes optaron en un momento dado y en circunstancias específicas, por producir una diferencia que en lo adelante desencadenaría sucesos que van a cambiar las reglas de un juego convencional. Pero más importante, es preciso reflexionar sobre estos episodios de incumbencia colectiva porque en momentos en que aquellos marcos aludidos arriba están en disolución y su resultado es históricamente incierto, tales acontecimientos toman proporciones aún más insospechadas. En todo caso, sin una buena porción de azar en las idas y venidas de la historia el cambio social no sería posible. Por tanto, de las acciones humanas de consecuencias imprevistas también está hecho el mundo.
El viernes 30 de marzo fue uno de esos momentos. Aunque las implicaciones a mediano plazo están por analizarse, es seguro que la intervención de Luisa Ortega Díaz (Fiscal General de la República), ha replanteado las condiciones a partir de las cuales se piensa políticamente el país. Todo tenía un sentido específico para el momento en que debía rendir cuentas a la sociedad sobre el desempeño del Ministerio Público durante 2016. Aunque se trata de un actor que va a llevar adelante una intervención cuyas consecuencias no están claras ni para ella ni para nadie, sí existe una voluntad determinante de producir una diferencia. Desde el lugar donde se dirigió al país hasta sus primeras y últimas palabras, tuvieron una orientación que se relacionaba con el acontecimiento ocurrido unas horas antes.
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Pensar desde el naufragio: Luisa Ortega Díaz. Por Leonardo Bracamonte

Los instantes impensados con frecuencia tienen una capacidad de proyección histórica que sorprenden a los que asisten o incluso participan de ese acontecimiento. Nuestra ruidosa historia tiene varios ejemplos de quienes optaron en un momento dado y en circunstancias específicas, por producir una diferencia que en lo adelante desencadenaría sucesos que van a cambiar las reglas de un juego convencional. Pero más importante, es preciso reflexionar sobre estos episodios de incumbencia colectiva porque en momentos en que aquellos marcos aludidos arriba están en disolución y su resultado es históricamente incierto, tales acontecimientos toman proporciones aún más insospechadas. En todo caso, sin una buena porción de azar en las idas y venidas de la historia el cambio social no sería posible. Por tanto, de las acciones humanas de consecuencias imprevistas también está hecho el mundo.
El viernes 30 de marzo fue uno de esos momentos. Aunque las implicaciones a mediano plazo están por analizarse, es seguro que la intervención de Luisa Ortega Díaz (Fiscal General de la República), ha replanteado las condiciones a partir de las cuales se piensa políticamente el país. Todo tenía un sentido específico para el momento en que debía rendir cuentas a la sociedad sobre el desempeño del Ministerio Público durante 2016. Aunque se trata de un actor que va a llevar adelante una intervención cuyas consecuencias no están claras ni para ella ni para nadie, sí existe una voluntad determinante de producir una diferencia. Desde el lugar donde se dirigió al país hasta sus primeras y últimas palabras, tuvieron una orientación que se relacionaba con el acontecimiento ocurrido unas horas antes.
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Políticas de término erróneo o el fugaz triunfo de la conservación. Por Juan Manuel Zerpa

En política, ¿qué es un “error”? ¿Cómo se determina que una u otra decisión, de un líder o una dirección colectiva, es “errada”? La respuesta parece sencilla: es una cuestión de fines. Si un partido se propone hacer una revolución y sus acciones no contribuyen y hasta perjudican tal causa, entonces uno podría decir que esa organización está cometiendo “errores políticos”; incurriendo en lógicas que quizá mantienen por inercia el control aparente de ciertas instancias de poder, pero que en el mediano y largo plazo minan el propio camino trazado en planes, manifiestos y discursos. El elemento “opaco”, sustraído a la crítica, en este razonamiento tan familiar para las tradiciones de izquierda, es el contenido mismo del programa revolucionario.
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Políticas de término erróneo o el fugaz triunfo de la conservación. Por Juan Manuel Zerpa

En política, ¿qué es un “error”? ¿Cómo se determina que una u otra decisión, de un líder o una dirección colectiva, es “errada”? La respuesta parece sencilla: es una cuestión de fines. Si un partido se propone hacer una revolución y sus acciones no contribuyen y hasta perjudican tal causa, entonces uno podría decir que esa organización está cometiendo “errores políticos”; incurriendo en lógicas que quizá mantienen por inercia el control aparente de ciertas instancias de poder, pero que en el mediano y largo plazo minan el propio camino trazado en planes, manifiestos y discursos. El elemento “opaco”, sustraído a la crítica, en este razonamiento tan familiar para las tradiciones de izquierda, es el contenido mismo del programa revolucionario.
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El retorno de la Fruit Company. Por Miguel Ángel Contreras Natera

La restauración conservadora que nos retrotrae a 1850 pretende enmascarar los intereses del capital en un parlamentarismo de fachada que fortalece las nuevas formas de intervención imperial. El famoso corolario Onley sobre la soberanía irrestricta y sin límites de los Estados Unidos es restituido en Brasil al subordinarse las elites económicas nacionales a los designios de Washington. La UNASUR, como espacio político y de defensa de la integración regional, permanece en silencio absoluto frente al Golpe de Estado parlamentario. Convirtiendo la sobreexposición (Venezuela) y el silencio (Brasil) en una estrategia de visibilidad selectiva. La discrecionalidad política-discursiva de las instituciones multilaterales forma parte del guión procedimental de intervención imperial. La prensa reproduce el estado de ánimo del capital al mismo tiempo que establece una cartografía de la intervención regional. Las piezas de una opereta se despliegan al unísono del presupuesto procedimental de intervención. Los parlamentos se convierten en los nuevos depositarios de la fe del capital.
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El retorno de la Fruit Company. Por Miguel Ángel Contreras Natera

La restauración conservadora que nos retrotrae a 1850 pretende enmascarar los intereses del capital en un parlamentarismo de fachada que fortalece las nuevas formas de intervención imperial. El famoso corolario Onley sobre la soberanía irrestricta y sin límites de los Estados Unidos es restituido en Brasil al subordinarse las elites económicas nacionales a los designios de Washington. La UNASUR, como espacio político y de defensa de la integración regional, permanece en silencio absoluto frente al Golpe de Estado parlamentario. Convirtiendo la sobreexposición (Venezuela) y el silencio (Brasil) en una estrategia de visibilidad selectiva. La discrecionalidad política-discursiva de las instituciones multilaterales forma parte del guión procedimental de intervención imperial. La prensa reproduce el estado de ánimo del capital al mismo tiempo que establece una cartografía de la intervención regional. Las piezas de una opereta se despliegan al unísono del presupuesto procedimental de intervención. Los parlamentos se convierten en los nuevos depositarios de la fe del capital.
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La restauración conservadora. Por Miguel Angel Contreras Natera

En la actualidad, como consecuencia del entrecruzamiento de la explosión de la burbuja hipotecaria de 2008 y la readecuación geopolítica de los Estados Unidos en la región, el proceso de integración regional se encuentra atravesado por lógicas centrifugas de carácter neoliberal que socavan los avances sociales, políticos y económicos de los últimos años. La postura de Barack Obama de olvidar el pasado se inscribe dentro de una estrategia de Seguridad y Defensa de recuperar a América Latina como área de influencia natural (Doctrina Monroe) consecuencia de las profundas transformaciones de los últimos veinte años. Ciertamente, los efectos geoeconómicos y geopolíticos de este giro programático han permitido la cimentación de una estrategia de doble propósito. Por un lado, la irrupción de una agenda económica neoliberal con sus representaciones mercantilizadas de la realidad. Por el otro, la emergencia de arquitecturas políticas soportadas en una nueva variedad de intervención colonial con los denominados golpes blandos (Honduras, Paraguay y Brasil). Fundamentados en la idea mecánica de equilibrio de poderes se desarrollan formas inéditas del neoliberalismo disciplinario en la región. Pero, sobre todo, incluyen expresamente el recurso de la fuerza entre los plausibles resultados del colonialismo político. La crisis de la institucionalidad democrática en tanto equilibrio de poderes se evidencia en las tensiones entre los parlamentos y el ejecutivo. El peligro inmanente de esta nueva modalidad de golpe de Estado es la tentación de los parlamentos latinoamericanos en convertirse en ejecutores de políticas en contraposición a su rol legislativo. Este formalismo cimentado en la fraseología liberal disfraza el golpe de Estado del capital en la misma medida que evidencia la crisis del parlamento como institución garante del debate público.
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La restauración conservadora. Por Miguel Angel Contreras Natera

En la actualidad, como consecuencia del entrecruzamiento de la explosión de la burbuja hipotecaria de 2008 y la readecuación geopolítica de los Estados Unidos en la región, el proceso de integración regional se encuentra atravesado por lógicas centrifugas de carácter neoliberal que socavan los avances sociales, políticos y económicos de los últimos años. La postura de Barack Obama de olvidar el pasado se inscribe dentro de una estrategia de Seguridad y Defensa de recuperar a América Latina como área de influencia natural (Doctrina Monroe) consecuencia de las profundas transformaciones de los últimos veinte años. Ciertamente, los efectos geoeconómicos y geopolíticos de este giro programático han permitido la cimentación de una estrategia de doble propósito. Por un lado, la irrupción de una agenda económica neoliberal con sus representaciones mercantilizadas de la realidad. Por el otro, la emergencia de arquitecturas políticas soportadas en una nueva variedad de intervención colonial con los denominados golpes blandos (Honduras, Paraguay y Brasil). Fundamentados en la idea mecánica de equilibrio de poderes se desarrollan formas inéditas del neoliberalismo disciplinario en la región. Pero, sobre todo, incluyen expresamente el recurso de la fuerza entre los plausibles resultados del colonialismo político. La crisis de la institucionalidad democrática en tanto equilibrio de poderes se evidencia en las tensiones entre los parlamentos y el ejecutivo. El peligro inmanente de esta nueva modalidad de golpe de Estado es la tentación de los parlamentos latinoamericanos en convertirse en ejecutores de políticas en contraposición a su rol legislativo. Este formalismo cimentado en la fraseología liberal disfraza el golpe de Estado del capital en la misma medida que evidencia la crisis del parlamento como institución garante del debate público.
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“El Caracazo” como acontecimiento político: Notas sobre la fundación y el devenir de la Revolución Bolivariana. Por Malfred Gerig

1. Acto: a diferencia del 23 de Enero de 1958, y similar a la Rebelión Popular de 1814, «El Caracazo», 27 de Febrero de 1989, le exige a los sujetos una relación, esto es, una toma de postura ante el acontecimiento, en la medida que quiebra en dos la manera en que se relacionan los sujetos con la política; El Caracazo es inseparable del acto. El acontecimiento no es el acto mismo, es la apertura del espacio donde a futuro los sujetos deberán actuar, ya que dicho actuar es lo que hace al sujeto. La pasividad que había caracterizado a la política representativa «puntofijista» queda suspendida, comienza la etapa del acto, de la participación.
2. Subjetivación: el acto es el supuesto de la política democrática. Incapaces de delegar en una representación la subjetivación, es decir, las maneras en que se relacionan los sujetos con el acontecimiento, las partes de la comunidad política están exigidas a participar del común. De allí que El Caracazo parta en dos la vida política nacional instalando una lógica democrática, donde existe una absoluta apertura para discutir las formas de hacer, decir y sentir en común. En lo sucesivo la lógica política será democrática o no será. La política entendida como el aparecer de un sujeto social que instala el litigio, se debatirá con una política antidemocrática que busca expulsar a lo otro, cual cuerpo extraño que ha puesto en suspenso el normal desenvolvimiento de la sociedad.
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“El Caracazo” como acontecimiento político: Notas sobre la fundación y el devenir de la Revolución Bolivariana. Por Malfred Gerig

1. Acto: a diferencia del 23 de Enero de 1958, y similar a la Rebelión Popular de 1814, «El Caracazo», 27 de Febrero de 1989, le exige a los sujetos una relación, esto es, una toma de postura ante el acontecimiento, en la medida que quiebra en dos la manera en que se relacionan los sujetos con la política; El Caracazo es inseparable del acto. El acontecimiento no es el acto mismo, es la apertura del espacio donde a futuro los sujetos deberán actuar, ya que dicho actuar es lo que hace al sujeto. La pasividad que había caracterizado a la política representativa «puntofijista» queda suspendida, comienza la etapa del acto, de la participación.
2. Subjetivación: el acto es el supuesto de la política democrática. Incapaces de delegar en una representación la subjetivación, es decir, las maneras en que se relacionan los sujetos con el acontecimiento, las partes de la comunidad política están exigidas a participar del común. De allí que El Caracazo parta en dos la vida política nacional instalando una lógica democrática, donde existe una absoluta apertura para discutir las formas de hacer, decir y sentir en común. En lo sucesivo la lógica política será democrática o no será. La política entendida como el aparecer de un sujeto social que instala el litigio, se debatirá con una política antidemocrática que busca expulsar a lo otro, cual cuerpo extraño que ha puesto en suspenso el normal desenvolvimiento de la sociedad.
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¿Qué hacer? Por Miguel Ángel Contreras Natera

¿Qué hacer? La respuesta a una interrogante tan acuciante pasa por presentar un conjunto de observaciones apremiantes de forma rigurosa para iluminar los tópicos fundamentales a los que nos confrontamos. La creciente demanda de pensamiento crítico susceptible de configurar las inquietudes difusas, plurales y conflictivas proporcionando instrumentos mínimos de inteligibilidad con capacidad de orientar las acciones sociales y políticas dentro de un renovado principio de esperanza es uno de los retos centrales del debate político-cultural. Es una lucha teórico política cuyos fundamentos socio-económicos se encuentran en transformación constante. A fin de cuentas, las condiciones socio-históricas y los medios socio-tecnológicos se transforman ininterrumpidamente como condición sine qua nom del capitalismo histórico, tal como lo presentaron Marx y Engels en El Manifiesto. Atender la guerra político-epistemológica pasa por enfrentar dos tópicos complementarios entre sí. Por un lado, el neodarwinismo económico de la socialdemocracia de mercado con su apelación a la libertad de la crítica como paso previo de la clausura transformativa. Y por el otro, la anatomía de la adulación que funciona como una eucaristía de conjura de la nomenclatura corporativa contra los potenciales disruptivos de cambio revolucionario.
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¿Qué hacer? Por Miguel Ángel Contreras Natera

¿Qué hacer? La respuesta a una interrogante tan acuciante pasa por presentar un conjunto de observaciones apremiantes de forma rigurosa para iluminar los tópicos fundamentales a los que nos confrontamos. La creciente demanda de pensamiento crítico susceptible de configurar las inquietudes difusas, plurales y conflictivas proporcionando instrumentos mínimos de inteligibilidad con capacidad de orientar las acciones sociales y políticas dentro de un renovado principio de esperanza es uno de los retos centrales del debate político-cultural. Es una lucha teórico política cuyos fundamentos socio-económicos se encuentran en transformación constante. A fin de cuentas, las condiciones socio-históricas y los medios socio-tecnológicos se transforman ininterrumpidamente como condición sine qua nom del capitalismo histórico, tal como lo presentaron Marx y Engels en El Manifiesto. Atender la guerra político-epistemológica pasa por enfrentar dos tópicos complementarios entre sí. Por un lado, el neodarwinismo económico de la socialdemocracia de mercado con su apelación a la libertad de la crítica como paso previo de la clausura transformativa. Y por el otro, la anatomía de la adulación que funciona como una eucaristía de conjura de la nomenclatura corporativa contra los potenciales disruptivos de cambio revolucionario.
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